martes, marzo 4

el aire que había entre nosotros .

Siempre resulto rastrillada por la noche, la luna no me deja decidir sobre el color de mi piel, no me molesta, no puedo elegir.
Y me confunde, no sé. No sé. Me congelo, siempre se me congelan los brazos primero y se ponen insensibles. Cuando me doy cuenta y los toco, no siento mi piel, y después es un abanicazo de calor, así de golpe, y vuelvo a estar bien. Y pasa en tres segundos y me confunde. Hoy me congelé.
Cuando salgo a la calle nunca se con que me espero. Las esquinas se me escapan de las manos como el aliento cuando camino rápido y me pasa eso de la congelación, aunque se me desaparezca fácil, como cada esquina.

Es simple,



después llueve. Hay rejas. Hay rejas al lado mío, quiero salir por cada cuadradito, quiero ser pequeñita como cada cuadradito y meterme en tu mente cuando ponès esa mirada. Quiero deshacerme de mi piel noctámbula y escabullirme en tu mente y ser parte de ella. Y ceder los otros pedacitos de mí para alguien que le interese.
Quiero ser noche, quiero ser mente, quiero ser más chiquita aún, me quiero esconder, quiero que me notes, que me cuides, quiero que me aplasten, y desenrejarme, desenmarañarnos y atarnos adecuadamente. No quiero forzar tu mente, quiero que me notes en tu hombro, intentando penetrar en tu oreja, que me agarres y abras alguna cerradura escondida por ahí. Que te abras a mi, que me acomode y que me duerma en vos.
Porque es de noche, y la noche se empeña en cerrarme los párpados y se cierran, sólo queda el ruido de la lluvia; sin vos, sin mí, sin el aire que había entre nosotros.

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